viernes, 2 de noviembre de 2012

La rentrée

Da la casualidad de que el colegio al que fui toda mi infancia y la facultad a la que estoy yendo en mi juventud están uno en frente a la otra.
No obstante, en medio de ellas, cual guardián impertérrito, se erige una estatua de metal que construyeron cuando yo era pequeña. Recuerdo que me había parecido horrible, que no entendía que a eso se le llamase arte.
Cuando estaba en el patio, la veía desde allí, la contemplaba con el escepticismo de los niños, cuando todavía no tienen miedo a decir que no entienden, o a preguntar por qué. El mundo era desconocido, ¡misterioso!, y no importaba admitirlo.
Poco a poco me fui olvidando que el bloque de metal me observaba inescrutable y dejé de percibir su presencia.
El tiempo fue pasando. Terminé el colegio. Fui experimentando el inexorable proceso envejecimiento. Acabé el instituto y me enfrenté a la temida selectividad. Di un giro a mi vida académica y dejé las ciencias puras para abrazar las llamadas "sociales".
Elegí la carrera de económicas. Lo hice por pura intuición, algo me empujó a creer que allí encontraría mi camino... Parecían los estudios perfectos para entender mejor el mundo.
Primero de carrera fue un año duro. Mucho trabajo, muy distinto a todo lo que había hecho hasta entonces. Tan atareado, que ni siquiera era muy consciente de qué estaba aprendiendo.
Segundo supuso la caída de la venda que cubría mis ojos y la consciencia de que la universidad no estaba siendo como me habría gustado.
Tercero fue un año de resignación... Cuando ya no esperé nada más que aprender lo que no debía aprender en la facultad.
Y ahora cuarto... Cuarto es estar sentada, mirando, escuchando, apuntando... de forma inercial lo que un tarado al que he de llamar profesor tiene a bien contarme... Mientras observo a través de la ventana la estatua de metal que me separa de mi colegio.

... Aún así...



Volver a la rutina aún conserva su encanto :)



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